Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
La tierra ha vuelto a temblar. Los recientes terremotos han sacudido Colombia, Venezuela y otros países de América Latina, destruyendo hogares, desplazando a familias y dejando a las comunidades sumidas en el miedo y el dolor. Mientras el suelo sigue temblando, nuestros hermanos y hermanas en Cristo se enfrentan a un largo y difícil camino hacia la recuperación.
Como comunidad, tenemos presentes en nuestras oraciones a todos aquellos que se han visto desplazados, heridos, han perdido a sus seres queridos o están de luto a raíz de esta tragedia. Nos unimos en oración a nuestras iglesias miembros de esta región. Que puedan recordar la presencia de Dios junto a ellos.
Oración por quienes sufren
Dios misericordioso y clemente,
Tú eres la roca más alta que nosotros, el cimiento que no puede ser sacudido. En tus manos están las profundidades de la tierra, y las montañas se mantienen firmes por tu poder. Sin embargo, confesamos que tu creación gime, y por eso clamamos a ti.
Presentamos ante ti a nuestros hermanos y hermanas de Colombia, Venezuela y toda América Latina. A quienes han perdido sus hogares y medios de vida. A quienes han perdido a seres queridos: madres, padres, hijos, vecinos. A quienes yacen heridos o atrapados. A quienes tienen miedo y se preguntan cuándo vendrá la próxima sacudida.
Sé su refugio y su fortaleza, un socorro siempre presente en la angustia.
Oramos especialmente por nuestras iglesias miembros de la CMIR en estos países: la Iglesia Presbiteriana de Colombia, la Iglesia Presbiteriana de Colombia/Sínodo Reformado, la Iglesia Presbiteriana de Venezuela y todas nuestras iglesias asociadas en toda la región. Fortalece sus manos mientras ejercen su ministerio en medio del caos. Dales sabiduría para consolar a los afligidos, alimentar a los hambrientos y dar cobijo a los desplazados. Úsalos como instrumentos de tu sanación y esperanza.
Donde haya desesperación, que lleven esperanza. Donde haya escasez, que compartan la abundancia. Donde haya aislamiento, que ofrezcan la comunión de los santos.
Dios de toda misericordia, no te pedimos que la tierra nunca tiemble, pues sabemos que este mundo aún está en trabajo de parto. Pero te pedimos que tu pueblo no tiemble solo. Únenos más allá de las fronteras y los idiomas, para que seamos un solo cuerpo en Cristo, respondiendo al sufrimiento con el amor que tú nos has mostrado primero.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, aquel que acalló la tormenta y calmó las olas, y que está con nosotros incluso cuando el suelo bajo nuestros pies se derrumba.
Amén. Traducido con DeepL