News

En una sesión que invitaba a la reflexión de la serie de talleres «La fe como arma del Imperio», líderes religiosos de toda América examinaron la compleja intersección entre la fe y el poder, y cómo ambos han sido utilizados históricamente —y siguen utilizándose— para perpetuar los sistemas de dominación.

El panel contó con la participación del reverendo Jihyun Oh, de Estados Unidos; el profesor Daniel Beros, de Argentina; la reverenda Berla Esperanze Andrada de Vargas, de Venezuela, y la reverenda Izette Hernández, de Cuba. Juntos, compartieron sus reflexiones sobre las heridas persistentes del colonialismo y los instrumentos cambiantes del imperialismo que siguen moldeando las vidas en toda la región.

«La violencia estructural se ha sofisticado», afirmó la reverenda Andrada de Vargas, de Venezuela. «La invasión armada se convierte en dominación financiera, dominación mediática y psicológica: es una guerra híbrida».

El profesor Beros destacó las herramientas contemporáneas del imperio. «El papel masivo de las tecnologías digitales, incluida la ambigua forma de la inteligencia artificial, está reconfigurando las diferentes áreas de nuestras vidas», explicó. «A través de estas plataformas, grupos muy pequeños pero muy poderosos alimentan el odio, manipulan noticias falsas y expanden su poder en los ámbitos políticos. Se trata de una guerra blanda, una guerra judicial».

La reverenda Hernández ofreció una perspectiva cubana, señalando las formas en que la influencia imperial puede ocultarse en un lenguaje ecuménico aparentemente neutral. «Las iglesias de nuestras regiones son una fuerza política», afirmó. «Pueden utilizarse como armas para el populismo nacionalista, o pueden ser espacios de restauración. Nuestro reto es recuperar el potencial liberador de la fe».

La reverenda Oh, al reflexionar sobre el papel de la Iglesia Presbiteriana (EE. UU.) a la hora de hacer frente a estas dinámicas, hizo hincapié en la necesidad de estar alerta ante las teologías cooptadas. «No podemos permitir que las falsas teologías coopten nuestra fe», afirmó. «Como cristianos, estamos llamados a confesar quién es Cristo, no los sistemas de gobierno. La liberación del mantenimiento del dominio nos libera para tener relaciones alegres con Dios, con los demás y con nosotros mismos».

A lo largo del debate, los ponentes reconocieron que la fe puede ser tanto cómplice como transformadora. El silencio ante la injusticia, argumentaron, permite el imperio, mientras que la fe que inspira la resistencia puede alimentar la esperanza, la solidaridad y la liberación.

La reverenda Andrada de Vargas advirtió contra la idolatría de la riqueza y el poder: «Nuestro profeta moderno nos pide que reconozcamos una teología que glorifica a los ricos y predica la piedad mientras el mundo arde. Callar ante esta idolatría económica es convertirse en cómplice del falso profeta».

La reverenda Hernández ofreció un camino a seguir basado en las Escrituras. «Debemos obedecer a Dios antes que a las estructuras humanas», dijo, refiriéndose a Hechos 5:29. «El sistema se ha construido para dominar. Para resistir, debemos alejarnos de él y reconstruir nuestras vidas desde la perspectiva del Evangelio. Solo entonces podremos convertirnos en nuevos sujetos del mundo, capaces de construir una espiritualidad liberadora».

La sesión concluyó con un llamamiento a la acción: cultivar una fe que libere, en lugar de servir a los imperios; que dé prioridad a la comunidad sobre los privilegios; y que desafíe los sistemas injustos, al tiempo que fomente la esperanza y la resiliencia en las Américas.

Nota: Este artículo ha sido escrito en colaboración con nuestra responsable de comunicación para el 27º Consejo General, Emma Perry, de EE. UU./Hungría.

Traducción realizada por DeepL.