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«Forjarán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas». (Isaías 2:4)

Ante la escalada de violencia en Oriente Medio, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas alza su voz con urgencia y claridad moral: la guerra debe terminar de inmediato. Pedimos un alto el fuego inmediato e incondicional. Los bombardeos deben cesar. La destrucción debe cesar. El ciclo de represalias debe cesar.

Ningún objetivo político, ninguna reivindicación de seguridad, ninguna invocación de la historia puede justificar la implacable pérdida de vidas, la devastación de comunidades o el trauma colectivo que ahora envuelve a la región. Cada bomba que cae entierra no solo cuerpos, sino también la frágil esperanza de paz.

La catástrofe actual no carece de antecedentes. Tiene sus raíces en la larga sombra de la manipulación colonial, en las luchas globales por el poder y el control de los recursos, y en las repetidas intervenciones externas que han tratado a la región como un escenario para intereses estratégicos en lugar de como el hogar de pueblos con dignidad y derechos. Estos patrones, agravados por el gobierno autoritario y la instrumentalización de la religión con fines políticos, han profundizado la desconfianza y la inestabilidad.

La democracia no se puede construir mediante bombardeos. La seguridad no se puede lograr mediante misiles. La justicia no puede surgir del castigo colectivo. La guerra no cura las heridas, las multiplica.

Confesamos nuestra fe en el Dios de la vida, no en el dios de la guerra. El Dios que adoramos se pone del lado de los oprimidos, escucha el llanto de los heridos y juzga la arrogancia de aquellos que creen que la violencia garantizará su futuro. La paz no es el silencio del cementerio; es el fruto de la justicia, la responsabilidad, la dignidad y el reconocimiento mutuo.

Por lo tanto, hacemos un llamamiento a todas las partes para que vuelvan inmediatamente al diálogo. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que actúe de forma responsable y dé prioridad a la desescalada sobre la escalada militar. Y hacemos un llamamiento a nuestras iglesias miembros en todo el mundo para que recen, defiendan y encarn

La visión del profeta sigue ante ustedes: convertir las espadas en arados. Los instrumentos de muerte transformados en herramientas de vida. No se trata de un idealismo ingenuo. Es la exigencia de Dios a la historia.

Que tengan el valor de insistir en ello. (Traducción realizada por DeepL)