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La Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR) está profundamente preocupada por el rápido deterioro de la situación humanitaria en Cuba. El bloqueo petrolero efectivo no es solo una nueva táctica política, sino que representa una grave escalada de una injusticia que dura décadas y que ha erosionado sistemáticamente la calidad de vida del pueblo cubano. Nos hacemos eco de nuestra reciente oración, en apoyo a un pueblo que sigue sufriendo graves dificultades económicas, ya que las sanciones y las decisiones políticas, tomadas lejos de las mesas de cocina y las salas de hospital, pesan más sobre aquellos que tienen menos poder.

Durante años, el mundo se ha acostumbrado a hablar del «estancamiento económico» de Cuba. Las sanciones generales impuestas por los Estados Unidos se han convertido en una característica normalizada del panorama geopolítico. Esta normalización ha ocultado una verdad fundamental: la lenta y progresiva erosión de la vida cotidiana contradice directamente la vida abundante que Dios desea para toda la creación. Como han afirmado nuestras declaraciones anteriores, incluida nuestra petición de 2021 para poner fin al bloqueo, estas políticas han comprometido sistemáticamente el acceso a los alimentos, los medicamentos, el combustible y los recursos esenciales, afectando de manera desproporcionada a los más vulnerables y exacerbando el sufrimiento en lugar de contribuir a la paz, la justicia o la dignidad humana.

Sin embargo, los acontecimientos de la semana pasada indican que la situación ha alcanzado ahora un nuevo y alarmante nivel. La normalización global se ha visto interrumpida por una crisis que ha pasado de ser una privación crónica a una catástrofe aguda. El corte del petróleo, un elemento vital de la sociedad moderna, está dejando sin recursos a los hospitales, paralizando el transporte de alimentos y dejando en tierra a los aviones que traen turistas y divisas extranjeras que los cubanos necesitan desesperadamente. Ya no se trata de un lento declive, sino de una rápida caída libre. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas se está preparando ahora para una crisis de «mucha mayor» magnitud. Esta es la consecuencia directa de una estrategia, descrita por diplomáticos en La Habana, para matar de hambre al país «hasta que la población salga a las calles».

Para comprender la crisis actual, debemos hablar con franqueza sobre sus orígenes. El sufrimiento del pueblo cubano no puede separarse de la historia del colonialismo, el imperialismo y las desigualdades de poder que siguen configurando las relaciones internacionales.

Durante más de seis décadas, las sanciones generales impuestas por Estados Unidos han estrangulado sistemáticamente la economía cubana. Sin embargo, hoy estamos asistiendo a una escalada radical y peligrosa. Tras emprender acciones militares contra Venezuela, aliada de Cuba, la actual Administración estadounidense ha pasado de mantener un estado de privación crónica a provocar un rápido colapso. El decreto que impone aranceles a cualquier país que suministre petróleo a Cuba es un arma de destrucción masiva. Su objetivo es detener el transporte de alimentos, cerrar hospitales, paralizar la industria turística y sumir a los hogares en la oscuridad. No se trata de una presión para lograr un cambio político, sino de un castigo colectivo.

Un llamamiento inmediato a la acción

Ya no podemos permitirnos el lujo de la indiferencia. Como comunión mundial comprometida con la justicia, la verdad y el florecimiento de todos los pueblos, nuestra fe nos obliga a alzar la voz y actuar.

Por lo tanto, la CMIR:

  1. Hace un llamamiento a todas las iglesias miembros, especialmente en los Estados Unidos, para que alcen sus voces con urgencia profética. Pónganse en contacto con sus gobernadores, representantes y medios de comunicación. Exijan el fin de este bloqueo inhumano. Den a conocer que el silencio ante tal sufrimiento es complicidad.
  2. Insta a los gobiernos de todo el mundo a que condenen públicamente esta estrategia y proporcionen ayuda humanitaria inmediata al pueblo cubano. Acogemos con satisfacción la ayuda enviada por México e instamos a otros países a seguir su ejemplo, al tiempo que exigimos que se elimine la causa fundamental de la crisis, es decir, el bloqueo de Estados Unidos.
  3. Reafirma su inquebrantable solidaridad con sus iglesias asociadas y consejos ecuménicos en Cuba. Les vemos. Rezamos para que encuentren la fuerza que necesitan. No cesaremos en nuestra defensa hasta que los muros de esta política injusta se reconfiguren para construir puentes de paz.

Lamentamos que la indiferencia haya sustituido a la compasión y que la ideología haya silenciado nuestra respuesta al sufrimiento humano. Sin embargo, el lamento sin acción es incompleto. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que pase de la oración a la defensa profética, de la preocupación a la confrontación con el poder injusto.

El Dios de la vida, que escucha el clamor de los pobres, nos llama a movilizarnos hasta que la justicia fluya como un río. El momento de movilizarse es ahora. (Traducción realizada por DeepL)